• Era un verano tórrido y Adrián, un muchacho rollizo y un poco raro, aunque servicial...

  • Se llamaba Vera. Era morena y esbelta. Sus ojos negros preservaban una timidez joven y ensombrecida...

  • Mi corazón se ha vuelto de hielo, mi espíritu es el de un luchador noqueado.

  • El rumor del viento acompaña, los rayos del sol cortan la espesura...

  • Hacía un día invernal, tan limpio y claro, que los rayos del sol en lugar de proporcionar calidez, cortaban la respiración.

  • Por las noches me arrebujo y mientras mi pulso se acelera y mi corazón palpita...

  • Recorrida la mitad de su vida, Tariq Alhamar seguía transitando en un mundo de incierta...

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martes, 9 de octubre de 2007

23

José María


lunes, 8 de octubre de 2007

14

El crimen del señor Tiziano.




No hay el menor asomo de fantasía o desvarío en lo que voy a contar, es un hecho real. Tomaba una ronda de ron junto a la hermosa Katia y Tim, su novio, en el chiringo del mono. Acababan de volver de un extraño viaje por antiguos rincones de Europa. Me lo contaron tal como a ellos se lo narró el viejo europeo que los invitó a pernoctar.

Sucedió en un país mediterráneo, durante un verano que no fue tal. Una noche en la que no hacía frío o calor, brisa ni viento, se oía la estridencia de los grillos, no circulaban coches, y menos había festejos nocturnos. Por no escucharse, ni el alarido de un mísero perro, pues los vecinos de enfrente, que por entonces tenían a su disposición todos los canes del barrio, estaban en el cortijo del sur, y se habían trasladado con su arsenal de perrería incluido.

Ahora imaginen una urbanización de treinta y cinco mil metros cuadrados en completo silencio y oscuridad, pues tampoco había luna y hacía una espléndida luna nueva. Y vislumbren – si son capaces de hacerlo– al hombre caminando en bañador en la oscuridad de su jardín a media noche, solo y aburrido, con el deseo de cumplir el vago propósito que había rondado su mente durante las horas del día sin éxito: realizar una cloración. Operación que consiste en verter sobre la superficie del agua (generalmente una piscina o una depuradora de aguas residuales) una cantidad específica de cloro granulado o en polvo, con el fin de mantenerla libre de cualquier impureza. Algo que en principio debía resultar sencillo. Sumido en el letargo de un verano de tedio y silencio el señor Tiziano, quien no tenía que ver con el ilustre pintor, olvidó ponerse los guantes. Tampoco esa parece ser la razón primordial de lo que sucedió a continuación, pues por lo general no solía ponérselos.

Nuestro hombre era una persona metódica y tenía contabilizados mentalmente cada uno de los arcos de piedra que conformaban el muro de la mansión en donde habitaba; así como los ciento veintidós escalones que había de ascensión desde el cuarto de la depuradora, donde recogió el bote de cinco kilos de cloro con sus manos sin guantes, hasta la piscina. Hasta ahí, todo, normal.

Indudablemente conocer el número de escalones dada la oscuridad suponía una clara ventaja. Otra cuestión está en adivinar el porqué no utilizó la linterna. Según recordaron Katia y Tim, pensó que en la oscuridad de la noche se adapta fácilmente la visión y para vislumbrar el perfil de las formas en la distancia, caminar sin linterna, podría resultar ventajoso. (Hecho probado y cierto). Lo que no pasó en ese momento por su cabeza, fue que con luna nueva y el cielo encapotado – como parecía hallarse – por mucho que uno se esfuerce no podrá ver una sombra a más de dos palmos de distancia.

Con precaución y casi haciendo equilibrios, el señor Tiziano comenzó a subir mientras contaba los ciento veintidós escalones que en suave pendiente lo encaminaban a su piscina. Y como hasta a un hombre inductivo y racional como él la mente puede jugarle extrañas pasadas, así sucedió.
Tras finalizar la ascensión esa vez no contó ciento veintidós, su mente se detuvo en... cuatro mil. Sudaba. ¿Sudaba? ¡Y cómo no hacerlo! Si calculó que habría estado ascendiendo durante cerca de tres cuartos de hora. Se detuvo mientras trataba de adivinar lo que tenía delante: Total oscuridad y algo quizá diferente. El olor. De todas formas, mientras subía, habían caído unas gotas, y como es sabido la lluvia impregna de aromas nuevos – y preciosos – la atmósfera, y en ocasiones incluso crea ambientes... ¿desconocidos?
El señor Tiziano no era la clase de hombre que se formule demasiadas preguntas, en cambio era capaz de encontrar explicaciones para todo aquello que no se ajustara plenamente a su razón. Y en ese momento las halló. Acababa de cumplir setenta y cinco años y por las mañanas sus huesos chirriaban cual oxidadas vigas de hierro que le costaba engrasar. Todo fue obvio en su mente otra vez. Había sido el cansancio, el tedio y su irreconciliable y mal llevada vejez. Estaba claro, de forma mecánica su cerebro había prescindido de la primera cifra: el uno, para a continuación sumar ambos doses, crear un cuatro y añadir tres ceros que no eran sino sutiles metáforas insertas en su rostro como gotas de sudor y agotamiento.
Cesó de resollar. Presentía el camino ante él. Estaba ahí, en alguna parte. Prosiguió. Y aunque no le pareció el mismo trazado que estaba acostumbrado a recorrer, se hizo una pregunta que lo liberó de las dudas y tensiones: “¿En la oscuridad qué es igual a qué?”A trancas y barrancas atravesó un arco oscuro, y de pronto se encontró en un recinto a cuyo alrededor altas cúpulas con terminaciones acabadas en finas agujas, señalaban a la noche.
Se detuvo, y se rascó la cabeza con inquietud. ¿Por qué de repente tardaba tanto en asimilar lo que su empobrecida vista de anciano creía ver? ¿Y por qué creía estar donde no estaba cuando en realidad estaba allí, en su piscina? La vio. Allí, en el centro. Quizá pudiera parecer – y así fue – más grande de lo habitual, pero sin duda era la piscina.

Depositó el bote en el suelo y procedió a abrirlo con cuidado. Aún así el polvo del cloro se introdujo en su garganta y le causó un escozor irritante. Para evitar las arcadas se giró. Sin mirar, aunque de todas formas no viera, tomó el vaso con medidas que había en su interior y sólo tras llenarlo un total de diez veces logró finalizar una vuelta completa a la piscina. Sí, todo estaba claro. Con la vejez las distancias en lugar de menguar se alargaban, lo mismo que el tiempo. En cuanto a la oscuridad, se convertía en solemne y preciosa, en tanto los aromas resultaban subyugantes y sinceros. Concluyó que había sido una gran experiencia realizar el proceso en plena oscuridad.
Cerró el bote y descendió. Esta vez tardó algo más de quince minutos, pero ya no se alteró, pues llegó a la edificante conclusión de que se acostumbraba rápido a su estado de vejez. Dejó el bote en el cuarto de la depuradora, cruzó el jardín, entró en la casa y agotado, se acostó.

A la mañana siguiente tras desperezarse fue a echar un vistazo a la piscina y se encontró la sorpresa. Estaba sucia, y apenas olía a cloro. Era como si la cloración no hubiese surtido el menor efecto. Aunque no se alarmó, pues imaginó que la lluvia habría afectado al PH. Vería que hacer algo más tarde.
Desayunó y salió hacia el pueblo. Compró el periódico y una vez alcanzó la plaza central, se acomodó en el bar de los filipinos, pidió un café con leche, y procedió a ojearlo. Y allí, en primera página, encontró la noticia que lo desconcertó por completo.

Los créditos del artículo decían:

“Salvaje atentado en templo jainista en la colina de Shetrunjaya. Estado de Jugarat, India.”

Y proseguía.

“El mayor pecado para la religión jainista consiste en causar daño a cualquier ser vivo. Los jainistas practican la no violencia. Su religión presenta una perspectiva igualitaria de las almas de humanos, animales y organismos microscópicos. Respetan a los insectos y muchos ascetas llevan incluso mascarillas para evitar tragárselos accidentalmente.

Arovechando la noche de luna nueva el eco-terrorista penetró en completa oscuridad en el estanque sagrado del templo de Adinath. Según los investigadores realizó una minuciosa cloración que acabó con la vida de las más de seis mil carpas, renacuajos, e insectos acuáticos que lo poblaban.

Una espectacular ceremonia por la masacre que tendrá una duración de una semana sume en el dolor a los ascetas de los más de mil doscientos templos que se encuentran diseminados por la cima de la colina.”


A la noche siguiente, con la esperanza de escuchar otra historia por lo menos tan buena, regresé a tomar un trago al chiringo del mono. Llevaba dos horas sentado y mientras esperaba sin éxito a que Katia y tim se presentaran, bebía. En una mesa a mi lado tres hermosas damitas no cesaban de reír. No cabía duda, lo estaban pasando muy bien. De pronto alterada una de ellas se incorporó gritando.
-¡Oh! ¡Una araña! ¡Una araña! Se me ha subido una araña...
Y con nerviosismo se hurgaba en sus largos cabellos.
No lo pensé. Me levanté dispuesto a ayudar. Y además, la chica era preciosa. De repente la vi y le advertí.
- ¡No te muevas! Está sobre tu hombro.
Volvió la cabeza y soltó la mano con intención de aplastarla. La intercepté en segundos en el aire, mientras con la otra recogía al bichito y lo depositaba con cuidado en la pared. Desapareció a toda prisa, moviendo sus ocho patitas como sutiles palillos maleables. Me volví hacia ella y sonriendo le dije.
- ¿Ves? No se puede dañar a los bichitos. Viven con nosotros y son nuestros amigos.... Y permanecí sonriéndola con cara de gandul idiotizado y los brazos en jarras.
Ella se alisó los cabellos y recompuso su desmadejada figura. Sólo entonces me habló.
- ¿Ah sí? Pues mira... Tienes razón. Claro. No eres un bicho precisamente. ¡Sino la cosa más paranoica que se ha cruzado nunca en mi camino!
Y me abofeteó un par de veces en la cara. Mujeres... Pierden los nervios y...

Dos años de relación y nos casamos. Para celebrar nuestro encuentro en nuestro viaje de novios decidimos visitar la célebre colina de Shetrunjaya, en el Estado de Jugarat, India.
Fue todo un éxito. Jamás la toqué, ni discutimos, ni me hizo falta hablarle fuera de tono, la quería y nos llevábamos de maravilla. Aunque debo reconocerlo a ella aquello le encantó... demasiado. Tanto que se separó allí mismo de mí y se convirtió al jainismo. Y nunca, nunca jamás que yo sepa, ha vuelto a intentar matar a una sola araña y menos pisar a una hormiguita...

En cuanto a mí, pues aquí estoy de nuevo, en el chiringo del mono. Espero a Katia y a Tim, regresan de uno de sus viajes. Mientras degusto una copa de ron me da por preguntarme si esta vez volverán... ambos, uno sólo, o ya jamás volveré a ver la inocencia de sus bellos rostros sonrientes...

José Fernández del Vallado. Josef. Octubre. 2007.

sábado, 6 de octubre de 2007

16

El talud.

Es un amanecer limpio, brillante y azul, pero helado. Por todas partes hay hielos que cristalizan donde antes crecían tallos tiernos de cárdenas amapolas…
La miro, una temible distancia nos separa. Ella está ahí, hermosa como siempre, pero al otro lado del talud y yo de este lado. Estoy solo. Antes era un hombre afortunado, creía tenerla. Era mi mundo, mi felicidad… Pero no, no la tengo, todavía no.

Los días eran largos, calurosos. El sol y la vida regían sobre la tierra y vagaba libre y feliz. Ahora no tengo a nadie, soy un cautivo cuyas manos se hallan vacías, débiles, y casi descarnadas. Pues soy prisionero de deidades blancas y frías como el hielo que envuelve mi alma y lentamente la entumece hasta convertirla en pétrea e insensible.

La observo desde la distancia, cada vez está más lejos. Pero yo permanezco con la imagen que me quedó aquella vez, cuando arrullados al calor de nuestro ardor, una noche estrellada, hablamos del amor. Sé que ella es lo único que tengo. ¿Cuántas veces no puedo verla, y no tengo nada y sigue estando alejada…?
Todavía recuerdo la alegre cortesía del encuentro y reconocimiento de aquel verano de ilusiones. Desearía poder caminar contra el viento, oponerme a los designios que en vano tratan de obrar que camine hacia delante, hasta alejarme de ella para siempre. Vuelvo a mirar y ella está ahí, al otro lado del talud y yo de este lado.
Me debato. Sueño con la fórmula mágica para hacerme invisible, llegar hasta ella, estrecharla entre mis brazos, besarla, y sentirla junto a mí…

La angustia me apresa, me inmoviliza ata y golpea. Pero aún no estoy vencido, ellos, (los malos) los que no me quieren, no lo saben. Todavía me queda un recurso secreto. Prolongaré mis despedidas de forma indefinida; expeleré mis mutismos confiando le atrape el sonido de mi infatigable ansia de vivir y entonces, ya nunca podrá crearse jamás el abismo que hoy nos separa… Y volaré, volaré junto a ella para siempre...


José Fernández del Vallado. Josef. 2007.

viernes, 5 de octubre de 2007

6
Free Burma!


UNETE A BURMA BIRMANIA EN PAZ Y LIBERTAD!


miércoles, 3 de octubre de 2007

14

Vacuidad.



Me levanté tarde y con prisas, debía hacer tantas cosas... Demasiado trabajo para un solo día, pensé. No me extrañó que el despertador no hubiera sonado, me había fallado ya en tantas ocasiones. Tenía mucha prisa y me vestí sin ducharme, afeitarme ni ¡masturbarme! y menos desayunar. Claro que tampoco había desayuno, pues la nevera estaba vacía. ¿Cómo era eso posible? ¿No la había dejado llena la noche anterior? No, seguro, lo había soñado. Cogí mi móvil para hacer unas llamadas urgentes y se acabó la urgencia. ¡Estaba descargado! Corrí a depositar el alimento a mis preciosos canarios y no había canarios ni alimento que ofrecer. La jaula estaba vacía. ¡Habían volado! Busqué a Loli, la gata traviesa, temiéndome el peor de los desastres y tampoco la encontré. Entonces pensé en Teutón mi perro alsaciano. Fui hasta su camastro, sabía que era un viejo dormilón pero nada... ¡no estaba! ¿Cómo? Imposible que hubiera despertado por su cuenta sin que yo lo sacara de su jadeante y pesado sueño. No, las cosas no cambian tan rápido me dije. Y en mi hogar algo estaba variando con excesiva velocidad; es decir... ¿Mi mundo me abandonaba?

Por casualidad miré a la pecera y... ¡mierda! ¿Dónde estaban mis dieciocho hermosas carpas de colores? Lo que sentí a continuación ya fue aparte de inquietud un extraño y desasosegante escalofrío.
Atrapé la chaqueta y la encontré rara... descolorida. Pero peor fue cuando se me ocurrió ponerme a contar los billetes de la billetera para asegurarme de cuánto dinero llevaba. Me encontré con papeles viejos, desteñidos, que nada tenían que ver con el dinero que recientemente había sacado del cajero. ¡Pavor! Corrí a mirarme por primera vez con detenimiento en el espejo y mi rostro, mi semblante, era el de un ¡octogenario! Rugoso, acartonado, poblado de canas. ¡Dónde! ¿Dónde estaba mi deliciosa juventud? ¿Quién… o qué clase de desgraciado había osado robármela?
Corrí hacía la puerta, entonces me di cuenta del insufrible dolor y fui consciente de que era incapaz de ir más rápido, pues cojeaba de una manera grotesca. Agarré el pomo de la puerta y en lugar de ceder se quedó entre mis manos. Y yo permanecí allí, temblando; detenido como un bobo ante el marco. Fue cuando sucedió.
La puerta chirrió, se abrió lentamente y detrás... Detrás no había… ¡nada! Es decir; sólo un vacío vasto, blanco y lleno por completo de una silenciosa… vacuidad.

José Fernández del Vallado. Josef. Octubre 2007.



martes, 2 de octubre de 2007

29

Épocas de Cambio.


Recuerdo que había vislumbrado muchas veces que aquello sucediera.
Llevaba varios años en mi despacho escribiendo mi novela “Épocas de Cambio.” Sabía, presentía, que iba a surgir un movimiento que lo convulsionaría todo en el mundo.

Discernía que las guerras cesarían de tener lugar como si fueran una vieja moda pasada; que los hombres prescindirían de la cruda ley del dinero, y por lo tanto, de sufrir hambre porque los ricos del mundo dejarían de ser ambiciosos y egoístas y repartirían sus riquezas con los demás seres hambrientos; que habría una lengua universal conformada a partir de cien mil lenguas diferentes; que los países poderosos se comprometerían a firmar tratados en los que cesarían de esquilmar las riquezas; que las mega ciudades se disolverían y la gente se expandiría por los campos para retornar al cultivo de la tierra; que habría tratados para impedir la proliferación nuclear y la circulación de los grandes petroleros por los océanos, y que finalmente el petróleo y la energía nuclear pasarían a la historia como recursos letales que pudieron acabar con la humanidad; que las religiones dictatoriales perderían credibilidad y poder para anular los avances más beneficiosos para el ser humano; que la gente comprendería que, o bien vivían en armonía en el mundo, o se extinguirían rápidamente sin conocer el amor, la paz, y un largo sin fin de sentimientos emotivos y satisfactorios, y etc.
Me di cuenta por primera vez al intentar abrir la puerta y salir a respirar un poco de aire. Estaba atrancada, no había forma de salir. Entonces me arrimé al ventanuco me aferré a sus barrotes y me puse a vocear con la esperanza de que mi madre me oyera y acudiera al rescate. Pero para mi sorpresa no apareció ella, sino un par de hombres uniformados que sonriendo me pasaron una escudilla con alimentos y algo de agua.

Alarmado, les pregunté qué sucedía. Si se había declarado una pandemia contagiosa o algo por el estilo. Ellos se rieron y uno, mofándose claramente de mí, me dijo:

Pero... aún no lo sabes, profeta.

De un bolsillo de su gabardina sacó algo y me lo dio. Era un libro. Leí el título y me quedé impresionado. Se titulaba: “Épocas de Cambio.”

Entonces lo vi claro. Yo escribía en el word del ordenador conectado a Internet. Y alguien, un haker o varios de los mismos, habrían leído mi obra y les habría parecido tan interesante y “revolucionaria” como para sin pedir mi consentimiento, expandirla como un virus por la red de internet. Aunque, pensándolo bien aquello no me pareció mal, pues de pronto fui consciente: debía de hacerse. Mi voz debía de oírse y difundirse en el mundo.

Claro que a la vez fui consecuente acerca de algo aún más peligroso. Toda clase de cambio implica atravesar antes por una vasta revolución que como una gran marea se lleva por delante a líderes e idealistas y ahora yo, estaba en la cresta de esa ola.

Pensativo volví a sentarme ante el ordenador, miré a mi web y allí estaban; los hakers de doce naciones felicitándome, insufándome ánimos y disculpándose por haber usurpado mi obra.
Les di las gracias por su trabajo y les señalé que aguardaban tiempos difíciles. A continuación les pedí sus correos electrónicos.
De nuevo volví a presentir algo y esta vez lo advertí con nítida claridad, pero sin saber exactamente el porqué me sentí aliviado de un gran peso. La sentencia ya estaba dictada. A la mañana siguiente yo “
Jesús redentor” sería ejecutado sin remisión en la “Plaza de la Cruz…

José Fernández del Vallado. Josef.

sábado, 29 de septiembre de 2007

23

Cada día el pan nuestro.


Me desperté gritando. ¿Era mi estómago? Clamaba... Se quejaba de impotencia y de dolor. Era hambre. ¿Dónde estaba? Miré hacia ambos lados. ¿Era aquello una esquina? Sí… Se trataba de la esquina de un callejón. Estaba envuelto. Pero envuelto ¿en qué? Ya... Debía haberme cubierto con papeles de periódico durante la última borrachera. Me dolía la cabeza, los huesos y el cuerpo… La marea subió por mi interior, me revolví me incliné hacia un lado y vomité… Una mezcla verde y espesa de bilis fue todo lo que salió de mí, no había más en mi interior…


Con lentitud comencé a incorporarme mientras me despojaba de las hojas de periódico. Me sentía sucio dolorido y desarticulado, tiritaba de frío y abstinencia. Me puse en marcha y al doblar una esquina un viento gélido golpeó mi semblante convirtiendo las puntas de mis bigotes grises en ralas fibras de hielo.

Caminé cuatro, cinco, quizá seis manzanas con las manos envueltas en los mitones dentro de los bolsillos, sin siquiera preocuparme de los cordones desatados de mis viejas zapatillas Reebok. Había mas gente. Pero los demás no me importaban; sólo eran sombras a mí alrededor que me sorteaban y no tenían ningún interés para mí; no esperaba nada en absoluto de ellos.



Hacía un día gris; una bruma blanquecina desdibujaba las formas, la ciudad estaba distinta. Se movía en silencio. Las aristas de los edificios surgían como icebergs ocultos tras aquella neblina de muerte...

Cuando alcancé la plaza comenzó a nevar. Deseaba encontrarme con él, con el hombre que sin saberlo me podría ayudar.




Lo sorprendí en el centro de la plaza y lo dejé hacer sin que me viera. Transcurrió cerca de una hora, hacía mucho frío. El tipo acabó con su dedicación y se marchó. Entonces salí de detrás de la columna y fui hacia el centro. Nevaba sin cesar, me encontraba enfermo; el estómago me dolía cada vez más. Nada más llegar sin dudarlo las espanté. Había gran cantidad de aves. Volaban a mi alrededor con cierta imprudencia. Pero yo lo necesitaba. Y allí… diseminado por el suelo en gruesos pedazos blandos y mojados estaba como cada día, mi pan…


José Fernández del Vallado. Josef 2007.


viernes, 28 de septiembre de 2007

16

Concierto.


Ayer, después de mucho tiempo, volví a asistir a un recital apoteósico. Sí, uno más entre el selecto puñado de conciertos que quedarán para siempre grabados en mi memoria. Pero ante todo, la interpretación tuvo detalles por completo innovadores y especiales para mí.

En primer lugar acudí solo. Segundo, tuve el privilegio de desplazarme con total libertad por todos los recovecos de la sala. Es decir, desde el mismo escenario hasta primera y última líneas del auditorio. Y tercero, analicé y descubrí un poco la historia de sus magistrales músicos, con los cuales me cité en su camerino a la entrada y salida del evento.

Comprendí y viví sus magníficas sensaciones al salir y enfrentarse a más de cinco mil espectadores. Observé al detalle el arranque de un espectáculo que se presentía soberbio. Me fijé en los semblantes de cientos de espectadores excitados y resolví que yo también estaba embebido por la emoción de quien intuye que algo impresionante va a tener lugar.
Y cuando la música se desplegó ante mí -
MÚSICAAQUÍ- sacudió mis sentidos de forma irrefrenable y hermosa, avivando mi deseo interno de ser como ellos y experimentar lo que un buen músico siente en esos momentos de sublime placer.

Me gusta escribir, es mi pasión. Pero sin música mi vida apenas tendría sentido. De hecho, durante un periodo estuve ligado a un grupo musical donde tqué el teclado, ya que de niño recibí algunas clases de piano. Dimos un par de conciertos en directo. Evidentemente, no éramos el grupo que presencié anoche, pero me agrada la creatividad, producir canciones, inventar música...

Ayer fui un ángel que sobrevoló el escenario mil veces y mientras dejaba volar los sentidos suspiré notas que arrancaron convulsiones de placer de mi interior, descifré códigos y percepciones mentales entre el amor la vida y yo. Fui un ser alado que remontó el sendero de la existencia y fue capaz de verlo fluir de una forma sencilla e incluso, clara. Sin muerte, nutrido por un reguero de sudor satisfacción y alegría. Vi cinco mil mentes conectadas por la pasión en lugar de disgregadas por las diferencias. Y lo curioso, lo digno, es que era una multitud pacífica y agradable moviéndose al compás de la vida; juntos, durante hora y media de entusiasmo. ¿Cómo conectar semejante hilo de armonía de forma indestructible y definitiva? He ahí el secreto de la música.
Cuando todo acabó dejé de volar, de soñar, de sentirme fuera de mí mismo. Aunque mi espíritu de paz y armonía seguía estando latente y me dormí en una mullida nube de felicidad…

Volví a despertar y la música ya no estaba. En su lugar la junta militar de un país llamado Birmania hoy Mynmar, disolvía a tiros a los pacíficos manifestantes que sólo piden menos represión y justicia en su lugar. Nueve personas perdieron la vida. Mientras, en otro punto del globo, Israel vuelve a agredir la franja de Gaza. Todo vuelve a ser… ¿normal…?


José Fernández del Vallado. Josef.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

22

ALCOHOL...

No sabes cuándo ni como comenzaste la andadura, sencillamente lo hiciste.
La tarde es frágil; hay un cielo rojo como de sangre, de tintes perturbadores y escurridizos. Persigues algo, pero todavía no sabes bien el qué. Qué es lo que se te está o estará escapando...

La avenida marítima es amplia, recién construida, interminable. Podrías marchar por ella cien mil atardeceres sobre su adusto empedrado sin desfallecer.

Empiezas a beber. Primero es sólo una cerveza. Luego, cual errático saltamontes en fuga, asaltas otro local. Tu garganta necesita de algo más fuerte, algo que te haga olvidar. ¿Pero qué? Ni siquiera lo sabes. Sin embargo está la ansiedad, esa amargura que desmenuza tu cerebro y lentamente lo convierte en finas virutas de leña. A veces te desesperas y das otro trago, pero es igual, mires donde mires estás solo, eternamente abandonado.

Más tarde, con las primeras sombras de la noche, tu gusto se ensaña en el empalago del licor; entonces dejas de ser un hombre te arrastras por locales innombrables y comienzas a hablar. A veces encuentras gente que te replica. Te da igual. No sabes con quién parloteas aunque tampoco interesa, solo son semblantes sin trazos que mascullan impertinencias ¡Impertinencias! De repente te escurres entre densos flujos de gente y ya eres sólo una alimaña que babea y busca euforia, poder y tal vez un poco de… ¿sexo? No. El sexo ni siquiera es prioritario, pides más de beber y sigues buscando aquello... eso que se te escapa…

Sales de un local profiriendo alaridos, arrancas hacia la playa y enfebrecido te adentras en el mar y consientes que las olas golpeen tu semblante acalorado.

Al cabo de un rato, más sereno, pero también descentrado por el baño de agua fría, regresas a la avenida. Y al volverla a mirar con detenimiento ya no encuentras la luz que la iluminó, y ni siquiera descubres una fibra de alegría y animación. Ya no hay calor ni candor, sino sólo una capa de oscuridad tan fría como un invierno polar, o como un corazón solitario.

Hirientes escalofríos se apoderan de tu organismo. Cruzas los brazos sobre tu pecho y tiritando, desandas el recorrido y regresas al hotel, a una distante e impersonal habitación. Sin cuadros, sin recuerdos. Porque no hay recuerdos en tu vida. Y... ¿donde está tu vida? ¿En qué momento la dejaste? ¿En qué lugar comenzaste a perderla?

Retorcido sobre el water, vomitas. Duermes o tratas de hacerlo sitiado por pesadillas entrelazadas. Sudas, murmuras, mascullas, y balbuceas vocablos extraños.

Y el amanecer… Alcanzas otro amanecer. ¿O ya es medio día? Golpes en la puerta. No te has desvestido y tampoco te afeitas. Sales al sol y expuesto a su calor tu organismo se retuerce como el de un gusano dolorido. Tus manos tiemblan, tu corazón teme lo que no recuerdas haber hecho ni dicho el día anterior. Pero… ¿y el anterior del anterior? Nada importa ya. ¡Hoy será diferente! Lo sabes. Lo presientes...

De repente te sientes mal y lo sientes de nuevo; y no sabes bien el qué. ¡Qué es lo que se te está o estará escapando!

Te sientas en un bar; pides una cerveza…


José Fernández del Vallado. Josef. 2007.

domingo, 23 de septiembre de 2007

16

El Cenicero.

Compraron el cenicero un atardecer. Ella lo descubrió expuesto en el escaparate de una tienda caldeada por los ardientes rayos del sol. Cuando lo tomó entre sus manos abrasaba. Era un recipiente metálico con forma de caracola, pintado en negro, y con bandas doradas en cada una de las estrías que componían la concha. Enseguida le fascinó y él supo comprender al instante la importancia que para ella tenía la pieza.
Cuando volvieron de las vacaciones ella lo sacó de la maleta y lo depositó en la mesilla de noche.

Se sucedieron años de felicidad, cigarrillos y colillas simultáneas, en las que el cenicero llegó a ser su lugar de aproximación. Y de hecho, sin ser conscientes, los acercaba más día a día.

Iba siempre con ellos; y cuando viajaban nunca olvidaban llevárselo.
Transitaron con el por campings y hoteles de media Europa. Si volvían ebrios, después de una noche de juerga, allí estaba el cenicero, listo para compartir el último cigarrillo antes de caer rendidos, fundidos en un abrazo apasionado. Si comían o cenaban en cualquier restaurante, ella lo sacaba del bolso y rechazando el del local, utilizaban el propio. Incluso si se sentaban junto al mar, sobre el malecón de algún lejano puerto del norte de Europa, colocaban el cenicero entre ambos, mientras fumaban y disfrutaban de una silenciosa complacencia compartida.

Cierto día, convencido por sus amigos, los anuncios de la televisión, o tal vez esa moda americana que proclama que fumar es letal, él decidió dejar de hacerlo y ella, fumadora empedernida, tras negarse a seguir sus pasos, enfurruñada, le contestó:

De algo habrá que morir ¿No crees?

No discutieron más. En realidad no discutieron nunca. Ya que ella comenzó a salir con sus amigos fumadores, mientras que él se transformó en deportista y con obstinación enfermiza, se empeñó en hacer footing todos los días a las siete de la mañana, nadar en una piscina olímpica al mediodía, e ir a un gimnasio al atardecer.
Y así, progresivamente y sin ser conscientes, en un mismo piso, crearon dos vidas paralelas sin nexo de unión.

Hasta que un amanecer cuando él se despertó, descubrió con sorpresa que ella no estaba a su lado. Allí, sobre la mesa camilla, solo estaba el cenicero y debajo una nota que decía:

Puesto que he llegado a comprobar que ya no quedan ni cenizas de lo nuestro, me marcho. Por cierto. Si alguna vez decides cambiar de idea y vuelves a fumar, aquí te dejo nuestro hermoso cachivache...

Lo cogió y lo colocó sobre el secreter, entre las fotos de ella y de la familia. Durante una larga temporada casi dejó de comer, también dejó de hacer ejercicio e intentó buscarla sin éxito.
Luego se fue recuperando, aunque nunca del todo. Y cuando la echaba de menos y sentía la necesidad de recordar tiempos pasados, se detenía y observaba atentamente el cenicero...



José Fernández del Vallado. Josef. 6 de septiembre del 2005.

3

Mi primer premio en blogger!


Van a hacer 9 meses desde que tengo mi blog y consegui un premio. Y no es un premio cualquiera, es un premio creado y elegido por los usuarios de los blogs, o sea por los que hacemos dia a dia a esta comunidad y la llenamos de contenido y conocimientos.

Gracias a Silvia por hacerme el honor de recibir este reconocimiento. En principio, debo decirlo, ella se encontraría entre mis cinco elegidos, pero para no repetir la excluiré; aunque siempre la tengo presente.

Siguiendo las reglas del juego debo escoger cinco blogs. Explico en qué consiste la cosa.

El Thinking Blogger Award es una especie de premio o reconocimiento surgido de la iniciativa de un blogger estadounidense con la finalidad de dar a conocer otros blogs que nos hacen pensar. Es decir, si eres uno de los escogidos has de corresponder "nominando" a otros cinco y, por supuesto, colocar el galardón en tu blog.


Estas son las condiciones:


1.- Si alguien te otorga el premio escribe un post con los 5 blogs que te hacen pensar.
2.- Enlaza el post original pincha
AQUÍ,así la gente puede encontrar el origen del mismo.
3.- Exhibe o muestra el "Thinking Blogger Awards" con un enlace del post que tu mismo escribas. Hay dos modelos de botón para mostrarlo en el blog, plateado o dorado, tu solo has de escoger el que más te guste o mejor combine con tu blog.

MiS 5 ELECCIONES para la ocasión son:

1.-
Mis cuentos,fotos,recuerdos... El blog de la mujer que me animó a empezar en esto, con quien comparto un blog conjunto y a quien quiero con toda mi alma.

2.-
Trucos Blogger. Sin el no habría podido aprender unas cuantas cosas esenciales en el intrincado arte bloggero.

3.-
Pequenos nadas. el precioso blog de mi amiga portuguesa que me ha sabido demostrar que la barrera del idioma no es problema para hacer amigos en la web.

4.-
Fuego en el viento. Magdalena gabetta, una argentina que con su tenaz actitud me demuestra cada día que la perseverancia es la clave para seguir adelante en la vida.

5.-
iOlaNthE Inteligencia y verborrea. Ella está involucrada en todas las batallas y las vive y sufre con deshusada pasión. Admirable!





viernes, 14 de septiembre de 2007

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CON ESPECIAL ATENCIÓN A TODOS MIS LECTORES...

El siguiente texto titulado: "DE CARTÓN PIEDRA Y ANSIEDAD" se lo he dedicado en su blog a mi querida Vivianne que atraviesa por circunstancias difíciles. Por favor os ruego paseis a leerlo y le dejéis una nota de ánimo. Lo necesita mucho en estos instantes. Muchas gracias a todos los que de vez en cuando me leeis por aquí!



jueves, 6 de septiembre de 2007

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En defensa de una paz que agoniza.

Alguien me pidió si podía escribir algo sobre la paz y acepté con entusiasmo, sin profundizar en la responsabilidad que conlleva exponer sobre un tema complejo y sobre todo, delicado. Me puse a pensar, y comencé a buscar y archivar. Estos son algunos datos y conclusiones que he entresacado de lo que hoy en día nuestro mundo hace y está haciendo acerca de la paz.

1. Situación actual.

En la actualidad habrá unas ochenta guerras de las que, de vez en cuando, aparece una nimia referencia en algún periódico, pero el desastre humanitario no parece afectar a la opinión pública occidental. Y esto es porque, entre los intereses de las grandes potencias, millones de almas mueren en conflictos olvidados – o que se esfuerzan en hacernos olvidar – y que nadie quiere resucitar.

Desde principios del siglo pasado hasta el presente 2007 ha habido más de 300 conflictos con más de 25 millones de muertos. Más de dos millones de niños han muerto en guerras en los últimos 10 años. Y medio millón de menores son utilizados como soldados por muchos países.
Las guerras modernas cada vez causan más muertes de civiles. Las consecuencias ya no las sufren dos ejércitos enfrentados, sino la población civil. Mientras en la primera Guerra Mundial la relación fue de ocho soldados muertos por cada civil, en las guerras actuales la proporción es de diez civiles por cada soldado.

Las guerras traen consigo consecuencias inolvidables. Sobre todo el daño que se hace a la población. Las mujeres son violadas, los hombres asesinados y los niños obligados a combatir en el ejército. Durante años, la educación desaparece. El envilecimiento entre las etnias se incrementa. El número de refugiados se multiplica. La legitimidad de los gobiernos se pone en duda. Las guerras provocan secuelas que destrozan a los países y les impiden volver a levantar cabeza durante años.

Estas guerras olvidadas necesitan de los países del norte (países ricos e industrializados) que son quienes venden las armas que llegan a África, Asia y el resto del planeta. Entre otros: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Inglaterra e Israel a la cabeza, tienen en el negocio armamentístico uno de los principales impulsores de sus economías.
En la actualidad la economía está enormemente deformada. Casi un tercio de la actividad económica depende directa o indirectamente del complejo militar. Después del petróleo, la segunda industria más importante es la armamentística.

Los países del G-8 son responsables de más del 90% de las nuevas armas que se venden al mundo empobrecido. La industria armamentística necesita guerras para seguir incrementando sus beneficios. No importa la finalidad de las armas vendidas, los países ricos obtienen beneficios fáciles mientras los muertos no salpiquen sus gobiernos.

Así pues no nos extrañe que elementos como el Señor Bush (presidente de los Estados Unidos) de quien a fecha de hoy uno no consigue explicarse cómo en su país nadie vislumbra su enorme ambición e interés personal, llegaron al punto de emprender una guerra inútil para el mundo – excepto para sus intereses (petrolíferos) y nacionales (armamentísticos) – como ha resultado ser la guerra de Iraq.
De Iraq todo el mundo quiere irse, pues gracias a su labor ahora es una ratonera de etnias enfrentadas; excepto, claro está, este señor. Quien invadió el país con el pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva y se apoderó de los pozos, y en connivencia con los militares – obviamente – se ha convertido en el multimillonario más encumbrado sobre cadáveres de la actualidad mundial. Sí, todo un señor “muerte” sin duda.

2. Soluciones para la paz.

A pesar de las complejidades del proyecto, la comunidad internacional podría acabar con las guerras que asolan el mundo sólo con solidaridad y compromiso político. Los países ricos deben dejar de vender armas y alimentar el mercado armamentístico. Una redistribución de las inversiones daría un vuelco en el mundo: con un 10% de los gastos militares se podría garantizar el acceso a los servicios básicos de la población mundial.
Esto, por el momento, no es más que “mera hipótesis,” porque ¿quién va a parar el carro del mercado de las armas como no lo hagamos nosotros desde dentro? Mientras no nos decidamos a afrontar las consecuencias con seriedad y presionemos a estos hombres ambiciosos, a estas multinacionales que se lucran a costa de muertes ajenas. ¿Cómo frenar la desmesura de la masacre armamentística?

La clave que resuelva la lucha por la paz sin duda debe empezar por implantarse en el seno de nuestros espíritus y hogares. La lucha por la paz sólo se ganará impartiendo una educación solvente que enseñe sobre todo y ante todo lo que significa “amar” y amar al prójimo, a nuestro entorno, y a nosotros mismos. Y que a la vez, lentamente, destierre y cierre todo el espacio a esa violencia que hoy atosiga los intersticios de nuestro mundo de una vez para siempre.
Parece necesaria una sangría humana y un montón de cadáveres para que la cultura de la violencia que impregna a la sociedad mundial se cuestione sus regulaciones. Y parece mentira, que a pesar de haber entrado en pleno siglo veintiuno, y tras haber dejado atrás el terrible lastre de un siglo XX saturado de muerte y devastación, el ser humano dé la triste impresión de no haber aprendido nada de la dura lección de historia recibida.

Lo cierto es que al igual que muchos de vosotros, yo también anhelo esa paz. Pero a estas alturas de mi vida -visto lo visto- una enorme duda erosiona mi mente.
Puesto que estamos ya en el futuro la pregunta que me asalta es la siguiente: ¿Es hoy la paz una palabra sin trasfondo? ¿Una expresión que la cultura del marketing y el consumismo ha transformado a su antojo (como suele suceder con cualquier lema que valga la pena) y utiliza como enseña de un sistema en franca decadencia? ¿Será la paz como “La Isla” de la película de Michael Bay, el lugar limpio y aséptico que nos aseguran que existe, cuando de facto resulta inexistente? ¿Y mientras...? ¿Habrá otro lugar al que solo podrán acceder multimillonarios, personalidades, traficantes de armas, y en definitiva, quienes asesinan a los demás y sobreviven a su costa? Si es así apretad los dientes y seguid sin mover un dedo. Veremos con que facilidad nos extirpan los derechos, la integridad, y sobre todo las libertades; hasta convertirnos en marionetas sin nombre numeradas en serie con el fin de enviarnos a sus guerras como carnaza.

Aunque con profundo dolor por la hipocresía y el cinismo de los gobiernos que nos rigen, que por un lado hablan de paz mientras por otro invierten millones en armas, yo seguiré hablando, abogando, y si es preciso gritando, por la paz. Y que nadie intente venderme un arma con el ignominioso recurso de que sirve para defenderla. Todo el mundo sabe – o eso creo- el siguiente proverbio. Lo dijo alguien sin fe pero con una cordura elocuente. Seguro... Una bala perdida acababa de herirlo y agonizaba. Dijo así:

“Las armas las carga el diablo y las disparan los necios.”

Atendiendo a dicha premisa y aunque me pese, sólo puedo añadir un grave dictamen y hacerme otra vez la pregunta: Nuestra sociedad actual es rematadamente irresponsable y estúpida. Y... ¿Veremos esa paz algún día?

Hoy, todavía estamos lejos. ¿Y mañana? De nosotros depende lograr que “el mañana” no se convierta en turbio pasado, sino en un brillante presente de paz.

21 de septiembre. Día internacional de la paz.

José Fernández del Vallado. Josef. Septiembre 2007.

martes, 4 de septiembre de 2007

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Death cab for cutie: Your heart is an empty room

O canciones como...esta.


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Tiny Vessels

Death cab for cutie. Los descubrí hace más de un año tienen canciones como esta maravilla.


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La batalla definitiva.

Bueno entre mis aficiones está la de escribir algo de ciencis jejeje. ¿Toy tarao no? Seré más claro. Cuando digo lo de “ciencis” quiero decir Ciencia Ficción. Así que aquí os dejo una genuina made in josef. Espero que la degustéis sin atragantaros. Saludos!

La batalla definitiva.

Aquel amanecer dejamos atrás la tierra; habíamos fracasado. En los rastrojos de un mundo reseco y maltratado quedaban desmenuzados para siempre sentimientos de derrota: romances, pasiones, promesas, anhelos, esperanzas... amores sin rumbo.
La ambición, el egoísmo y el odio, ganaron la partida. Fueron siempre un paso por delante...
Dejábamos atrás el planeta que nos acogió y vio nacer durante milenios, y pese a superar adversidades y vencer a enconados enemigos, habíamos sido incapaces de preservarlo. Partíamos rechazados por una naturaleza que nos expulsaba como lo que éramos: parásitos, virus, bacterias devastadoras... Partíamos con los corazones deshechos, sabiendo que dejábamos atrás el lugar que una vez fue paraíso, el lugar donde amamos, odiamos, sentimos; y en definitiva, donde aprendimos a ser quienes éramos.

Me aferré a la escotilla desde la cual divisaba el jardín de mi infancia; mi cuerpo temblaba agitado. Pero... ¿qué jardín podría sobrevivir en un lugar donde las plantas habían sucumbido a los rayos gamma y el sol abrasaba? ¿qué ser vivo podría continuar subsistiendo en un planeta colapsado por novecientos mil billones de seres? En cambio los círculos de aluminio que conformaban el túnel por el cual discurrí estaban donde siempre y allí permanecerían.

Por fortuna me quedaba ella... Desde hacía un buen rato se había instalado junto a mí y allí seguía, en silencio, compartiendo mi profunda amargura. Superamos siempre los trances más difíciles y en cambio ahora... ¿Por qué la voluntad de una raza de espíritu indomable se veía de pronto doblegada? ¿Por qué deshojar tanta belleza tras tenerla al alcance y haberla disfrutado? Lo sabía. No había más alimentos. Y donde no hay alimentos, con tal de sobrevivir, los espíritus desarrollan formas malignas e irracionales. El desorden y el canibalismo se habían extendido y ahora no quedaba nada. ¡Nada qué hacer ni por lo cual luchar! Todo... estaba perdido. ¿Todo? ¡No! Iríamos a Marte. Allí había hombres que nos esperaban. No tenía miedo, estaba tan seguro de mí mismo como de nuestra estirpe.
Giré sobre mí y nuestras miradas se encontraron. Allí estaba Lisa. Sus ojos negros como el azabache brillaron con intensidad al mirarme, y su pelo rubio pareció lustrarse sobre su preciosa nuca. Su embarazo estaba ya en avanzado estado de gestación. No lo dudaba, pensé con renovada esperanza, iba a ser orgulloso padre de una prole de diez ratas o más.
Pronto estaríamos listos. Volveríamos a luchar y a vencer en la batalla definitiva...


José Fernández del vallado. josef. 2 Septiembre. 2007.

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The Fray - Look After You Accustic

O como esta... Qué tal suena?


lunes, 3 de septiembre de 2007

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The Fray - How To Save A Life (from Grey's Anatomy)

Uno de mis últimos descubrimientos. Este grupo es capaz de hacer canciones tan sutiles como esta: Preciosaaaa!!!


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The Divine Comedy - Eye of the Needle (live from Portsmouth)

Un directo moderato y fabuloso!


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The divine comedy - our mutual friend

un grupo sin duda fascinante


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