lunes, 28 de enero de 2008

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En la catedral de Santiago. Su Patrona...

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Las fantásticas y esotéricas pinturas del metro de santiago...

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Minero del cobre en Santiago...

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Más de Isla Negra...Bello verdad?




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En Isla Negra...

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Ella... Adivinan quién es? Ella.

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Junto a la Casa de la Moneda

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miércoles, 23 de enero de 2008

11

Josef en Santiago de Chile

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Hola, ya estoy aquí. O allá, según se mire. saludos a todos!

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jueves, 17 de enero de 2008

17

....Silencio. fin del Trayecto.

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Te pones en marcha. Dispones la mochila e inicias el primer movimiento. Llevas esperando demasiado esta circunstancia. Exactamente el intervalo de un empleo absurdo, relaciones transoceánicas que sucumben a manos de una árida e inapelable distancia, y textos publicados en editoriales que no alimentan. No, no volverás a crecer sin moverte. A veces para vivir basta con eso, no con ser un eterno e inmóvil creyente. Por fin encuentras un lugar. El aire sólo huele a madera y la brisa, aunque hoy no sople precisamente del sur, es favorable. Pues impulsa y estimula con suavidad en la espalda. Por el reverso se inyectan algunas de las noticias más agrias; en cambio, uno las expele y depura por las yemas de los dedos. Al teclear con suavidad sutiles notas matizadas de música y tinturas internacionales. Al devolver la armonía a ese griterío altoparlante en que se ha convertido el discurso de las naciones y tal vez de nuestras vidas.

Hay una roca – tranquila – en la montaña. Siempre estuvo así, serena, imperturbable. Acudes a sentarte en los ratos en que deseas aprender del silencio. Es bueno cultivarse junto a el. A veces uno grita, pero al hacerlo por dentro ya es sólo silencio y no violencia descarriada. A veces uno gime, pero si permanece en silencio, no encontrará motivos que le den lugar a proseguir haciéndolo.

No hay que confundir silencio y soledad. La soledad es un estado de angustia, desamparo e incomprensión… El silencio, en el peor de los casos, manifiesta desdén o menosprecio. Aunque esa clase de silencio suela dejarse oír como un murmullo y llegué a inducir un martilleo doloroso.

El silencio que uno estima es un silencio pedagógico. Ayuda a reconstituirse, a meditar con claridad por qué está de nuevo sobre la roca mundana; o por qué la brisa es del norte cuando debería ser del sur; o por qué el invierno es largo y duro; o por qué nació en el círculo polar ártico y no en el antártico. O por qué la mayoría de sus amigos son letras: Arial, Garamond, Gerorgia, Times Roman... Y por qué se deja de creer en este mundo tan pronto. Y sobre todo ¿por qué, pese a llevar horas firmemente asentado, la piedra continúa estando fría y se hace de noche y uno sigue sin encontrar la luz?

Te incorporas, continúas el camino. Al fin y al cabo la vida es una eterna búsqueda de soluciones que en el mejor de los casos nunca se hallarán. Porque encontrarlas tal vez pueda acarrear disgustos innecesarios. De modo que lo mejor es dejarse llevar. Abandonarse a las gélidas e incomprensibles corrientes del norte, pues serán ellas, quienes meciéndote como una pluma te transportarán hasta las suaves brisas sureñas, quienes de forma agradable y sin darte una tregua de desidia, te alzarán para depositarte sobre un refulgente y preclaro manto de constelaciones en el más absoluto silencio… Fin del trayecto.


José Fernández del Vallado. Josef.

El autor de este blog se permite el lujo de tomarse unos días de retiro. Se marcha para hacer realidad algunos sueños pendientes. Y en el camino, nacerán nuevos más…

Volveré recargado. Infinitas agracias a todos aquellos que me visitáis y… ¡lo sé! ¡Os debo un montón de visitas! Descuidad. Cuando cambie de pilas, nada más de energía (seguiré siendo el mismo) vendré y no dejaré piedra sobre piedra sin remover. En el mejor de los sentidos, ¡por supuesto!


¡¡¡Besos y abrazos!!!


José Fernández del vallado. Enero 2008.



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viernes, 11 de enero de 2008

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En tus sueños, el amor…

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Habita refugios irreconocibles
se afana sin honorarios,
obtiene premios sin laurel
se sueña pero no se palpa…

Dona tesoros inexistentes.
Escribe historias,
escapan a la memoria
las noches turbias de insomnio.

Escribe porque detesta llorar
y llora porque no sabe escribir.
Persigue a su sombra cuando se oculta del sol
pero hace feliz al crear rayos de luz…

Camina en un mundo complejo
no más que los laberintos de las mentes.
Camina por trayectos imprecisos
los límites los dicta la conciencia.

Suele calentar como fuego,
un solo roce te puede abrasar.
Adora a quien lo ama y a quien no,
también es capaz.

Existen quienes lo envuelven y abrazan
y otros no lo alcanzan a palpar…
Existe una realidad inexistente
y otra que lo ahoga en su verdad.

Existe dulzura tras su dureza
fortuna y fatalidad,
deseos antes que inapetencias
sinceridad antes y después de su hipocresía.

Es de materia dulce el fluido que atrapa
en sus sueños.
Son una ilusión sus brazos al estrechar
bocanadas de aire junto al mar...



José Fernández del Vallado. Josef. 11 enero 2008.

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jueves, 10 de enero de 2008

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El balcón

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Me asomé, abrí la boca y por el balcón de la casa proclamé a los cuatro vientos que había aprobado, pero nadie me creyó...
En el mismo balcón durante la época de la invasión, sembré la diminuta cosecha de patatas. Mis hermanos y vecinos me lo agradecieron con discretas palabras de aprobación.

También allí medité las mejores estrategias de ataque y repliegue, y en las jornadas de tregua, organicé excelentes festejos. Y luego, el día en que mi padre murió, mantuve la boca cerrada durante el velorio que se celebró.

En uno de aquellos festejos conocí a la que luego fue mi mujer, y de pronto y sin saber bien por qué, una encarnizada y absurda discordia arruinó nuestra relación.

Cierto día, el enemigo sospechó de mí y como el balcón les parecía un sitio seguro, allí me encerraron. Luché durante meses mientras trataba de matar el tiempo en soledad. Recorrí un millón de veces sus cinco metros de anchura; primero caminaba de lado a lado, luego iba en cuclillas y después haciendo el pino. Conté y reconté sus baldosas y baldosines. Recé oraciones que creía olvidadas de la infancia, y comencé a balbucear palabras extrañas, surgían de mi boca como abscesos insolentes. Día tras día fui torturado y sometido finalmente hablé. ¿Que otro remedio quedaba?
Luego, con la boca entreabierta en una mueca de dolor, escuché las ejecuciones en la plaza.
El sistema cambió pero seguí sin salir del balcón, pues alguien dictaminó que yo era un hombre difícil y por lo tanto, peligroso.
Me proporcionaron libros y estudié durante años tres materias al tiempo. Y el día en que proclamé haber aprobado, allá abajo, en la oscuridad de la noche, solo un perro ladró al tiempo que mi celador aplaudía sonriente y me ofrecía un mugriento cigarro.
Y que otra cosa pude hacer, sino gemir como un condenado, como el condenado que era, mientras aceptaba el cigarro como el premio mayor de mi vida…

José Fernández del Vallado. Josef. 2008.

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sábado, 5 de enero de 2008

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Lisboa… Hoy.

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Veintinueve de diciembre, Lisboa.
¿Ella? No está...

Quedan…
pasajes que arden de frío
ahogados en confusión difusa e insólita.
Empedrados centenarios y húmedos,
ingratos para el ene/a/migo/ español.

Treinta de diciembre, Lisboa.
Ella… estuvo.

Sirenas proclaman en la neblina
su oscuridad pálida y rompible.
Buques perdidos navegan sus calles.
Tranvías sin parada ni rutina,
esculturas con miradas de ónice
versos encajados en mármol de Carrada…

Sonrisas sin resuello
candores enterrados
ornamentos inconclusos
Se mascan añejas las saudades...

Treinta y uno de diciembre, Lisboa.
Cual fotografía convulsa y desgastada.
¿Ella? Tal vez en Fortaleza o la misma fortaleza…

Vuelo hacia donde una vez
hallé su esencia analizada
en versos indagantes de retorcida brillantez.
Mi mirada, vacía,
mi corazón silencioso.
No encuentra eco en resonancias
sin estigma
que rebotan con injuria
y lujuria de mi memoria
a la del mismo Américo Vespucio.

Uno de Enero, Lisboa, hoy.
Dónde queda el ayer...
si tal vez nunca existió.

José Fernández del Vallado. Josef. 5 enero 2007.

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