lunes, 4 de diciembre de 2006

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Como casi siempre…




Dedicado a todos aquellos que sufrimos, de vez en cuando, la inexplicable agresión física y verbal de aquellos que confunden la acepción entre libertad de expresión y libertinaje.


Todo estaba como casi siempre. El valle verde y pujante a nuestras espaldas. El cielo claro, de un azul intenso y envolvente. Los perfiles afilados como guillotinas de las montañas nevadas; y a menos de un kilómetro de nosotros, un rebaño de unas diez espléndidas cabras del Himalaya, con su pelaje de color marrón oscuro a marrón amarillento y las bandas que separan la parte superior de la inferior de un color más blanquecino.
Mientras se desplazaban con soltura entre los peñascos nos era posible escuchar el tamborileo de sus pezuñas rechinando.
Y allá, en lo profundo del valle, donde una vez estuvieron nuestros hogares, resonaban con estruendo salvas del ejército invasor y victorioso. Habían venido a hurtar nuestros esfuerzos, violar a nuestras mujeres, quedarse con nuestras familias, mientras enterraban tradiciones milenarias y se apropiaban de un pedazo de tierra que no tenía más valor que el sentimental. Pero ése es el más alto precio que puede tener cualquier objeto u organismo en esencia…
Todo estaba como casi siempre excepto los cañones de aquellas pistolas asentados sobre las nucas de mi hermano Kahu, yo y otros tantos.
Les dijimos que nos quitaran las vendas de los ojos pues queríamos morir como hombres y todo estaba como casi siempre.
Miré a mi hermano y él, aunque algo más pálido que de costumbre, también me observaba. Me sonrió. Le devolví la sonrisa. Y ambos lo supimos: ¡No habíamos perdido! Lama era fuerte, invencible; y nosotros estaríamos eternamente acompañándole…

Jose Fernández del Vallado. 2006.

1 libros abiertos:

Hola, después de mucho navegar por tu blog he llegado al cuento que mencionaste en mi blog (Perdida en Darmstadt). Así que aquí me tienes leyendo tu relato sobre la invasión de Tibet por parte de China. El Dalai Lama hizo algún comentario con respecto a este asunto, pero incluso entonces sonreía. Me ha hecho mucha ilusión que me hayas puesto un comentario en el blog y que me digas que te gusta. Gracias, eso me anima a seguir actualizándolo. De todas formas, te remito a mi otro blog, Fave de Fuca, en conjunto con varios amigos, en el que escribimos relatos hiperbreves. A lo mejor te gusta alguno. Este tuyo de la invasión de Tibet, podrían encajar perfectamente entre nuestros minicuentos :-)

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