AHORA ES EL MOMENTO
Hace 9 horas
Aquel monte intrincado de mi infancia, donde aprendí a seguir el rastro de los habitantes a menudo invisibles que lo habitaban, donde comprendí que quietud no es sinónimo de silencio, donde presentí mi primer deleite cuando quedé perdidamente enamorado de su hechizo invisible, y donde olvidé para siempre ciertos sueños de gloria manifiesta e inalcanzable.


Tu brillo es lo que presiento cuando las noches son claras aquí…
Hola cariño. Confieso, que no es fácil ni aún para un escritor consagrado como yo expresar desde aquí los sentimientos de belleza, calor, armonía y bienestar, que con solo pensar en ti emanan en mi interior de forma espontánea y del modo más natural que mi corazón puede percibir, fluyen hacia tu ser. Te quiero. Quizá esa expresión resuma en dos cortos vocablos muchas más percepciones de las siquiera imaginables.
y comenzaré a vivir otro tiempo. ¿Otro tiempo? De pronto me doy cuenta, no es cerrar el documento y el debate lo que debe de hacerse sino abrirlo ¡abrirlo! para que toda la podredumbre que encierran las arcas de aquella matanza despida sus olores hediondos: “El hedor de los cuerpos en descomposición se podía oler hasta a diez kilómetros de distancia” e invadan hasta sofocar y quien sabe si tal vez alumbrar nuestros decrépitos y desorientados cerebros de una vez por todas. Pues dado el camino que llevamos caeremos, volveremos a hacerlo, nos revolcaremos de nuevo en nuestra propia vergüenza.
cifras astronómicas 1.400.000 equivale a liquidar a una ciudad completa y respetable en cuanto al número de individuos… Estamos confirmando que algo desproporcionado, una masacre sin parangón, se cometió de forma premeditada en el día a día. La verdad, me horroriza solo pensar si hubiera tenido que ser uno de esos judíos que se encargaban de recoger a los muertos y limpiar los vagones, sabían que estaban muertos, dado que ellos mismos debían considerarse cadáveres andantes inmersos en una espantosa pesadilla o refriega que no le deseo ni al peor de mis enemigos. Hoy en día, de una forma u otra, casi todos tienen o tenemos enemigos. Pero una cosa es tener enemigos de una manera más o menos civilizada y estúpida, ya que no podemos ser mejores, y otra el asesinato bestial, irracional y discriminado que unos humanos llevaron a cabo contra otros hombres en su día de la forma más vergonzosa y rastrera… posible.
Iván era uno de esos muchachos a quienes tras echarles un vistazo tu instinto te permite presagiar que no vivirán para contarlo. Era un hombre algo más que extraño, era desconcertante e insólito.
Desde pequeño, Lorenzo habitó en una casa de campo, en un lugar tranquilo al que se accedía por caminos de arcilla, sin vías asfaltadas y sin apenas vehículos.

Aquella tarde, mientras aguardaba en la sala de espera de mi psiquiatra, las Navidades se acercaban de nuevo imparables y yo me preguntaba: ¿Por qué estaba allí? Qué había sucedido para que una persona en perfecto estado mental tuviera que asistir a un psiquiatra. Eché cuentas y me espanté. Llevaba acudiendo a la consulta diez años. ¡Diez! Una década y para qué, si yo era un hombre normal. De hecho me había forjado una familia, tenía un puesto de trabajo, una mujer adorable, mis mascotas Timi el perro y Candy la gata, y a las cuales Adela, mi hija de cuatro años, adoraba... Tenía todo cuanto un hombre puede desear en la vida.
Lo llamaron Air, de aire, Ángel de ángel, y Happy Illusion: Feliz ilusión.

La isla era un segmento de tierra de apenas cincuenta kilómetros de largo por treinta de ancho, donde un verdor de voluptuosa limpieza solventaba con suavidad regios contornos, cuyas siluetas y cortaduras delineaban una superficie de trazos abruptos.


Un dos tres… Dejo todo atrás,Ella… me quedan sus palabras, suspiros tenues en la noche, y ni un ronquido que delate imperfección. Más nada es perfecto, solo se adecua al precipicio que marca la calle. ¿Hace frío o calor? No, ni tiempo para pensar. Tomo la ducha me rasuro desayuno como ceno me acuesto y me vuelvo a despertar mil veces pero… ¿dónde? Tampoco hay espacio para las interrogantes y sí un latido frenético apresurado por una drogadicción dolorosa de cocaína en alza liberal.



I

5 libros abiertos:
Publicar un comentario