sábado, 3 de noviembre de 2007

14

Dimitri Petroff.

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Dimitri Petroff había llegado; estaba solo en la tienda. Era el primer ser humano sobre la superficie erosionada y roja de Marte. Fuera, un vendaval con vientos helados a doscientos kilómetros hora.

Mientras descendía, pudo ver el estrecho y profundo cañón por el que discurría el caudal. Era cierto, había agua. Es más, a solo veinte kilómetros por debajo, protegida por el micro clima que el cañón propiciaba, el agua discurría sin helarse.
Sonrió para sus adentros: ¡Amierikantsi! Tanto pregonar que iban a ser ellos los primeros, y una vez más, los rusos habían vuelto a dar la campanada.


Contempló la foto y el autógrafo superpuesto. ¡Ahí estaba! Aunque lacio, debido al paso del tiempo, pero sonriente, su ejemplo y estrella el Zar de la natación, Dimitri Popov. Recordó el día en que aquél fuera a visitarlo para prestarle su apoyo a la dacha de Zivonosk. Lo que le sorprendió nada más verlo, no fue su formidable estatura, sino que pese a ella, no resultara torpe sino estilizado, con el físico proporcionado de un delfín. De forma impulsiva agarró la petaca de vodka, la alzó, brindó por él y lo supo. Cuando la tormenta cediese también él iba a ser el primero; y dio un trago más.
De súbito el viento cesó de soplar. ¿Si así finalizaban las tormentas marcianas de qué forma comenzaban? Se preg
untó impresionado.
Con precaución abrió la cremallera y resguardada por el “Volpus Anti Frío,”sacó una mano al exterior, volvió a introducirla y la insertó en el procesador de alteraciones térmicas, el cual informó: Temperatura: – 65ºC. Espirometría: 0kms/h. Humedad relativa del aire: 0,5%. Posibilidad real de supervivencia: 25%.

Se comprimió en el equipo heliogénico y realizó una comprobación de rigor; las membranas funcionaron sin problemas. Salió de la tienda. A sus espaldas, de forma automática, se desmanteló y se plegó en un estuche de quinientos gramos exactos. Lo recogió y lo depositó en el Sznov.
Debido a la profunda erosión, bajo sus pies, el suelo cedía como un denso almohadón de polvo blanquecino de micro cristales, y los bordes del cañón parecían cascadas de pulimentado cristal amarillo.
Se dejó arrastrar por la tracción del equipo, y pese al estatismo del aire, se arrojó al abismo sin miedo. A su paso, como si quisieran tocarse, los extremos del cañón se iban uniendo y sus paredes cada vez más angostas, comenzaban a exudar filamentos de agua en principio amarilla, luego incolora, hasta resultar cristalina. Pensó en la expedición sueca “Larsson” de hacía diez años. Habían sido los primeros en advertir su existencia. Murieron al tratar de aterrizar, nada más comunicar el hallazgo. Aunque nadie los creyó. Los americanos dictaminaron que estaban ebrios debido al oxigeno contaminado que se filtró en los tanques de la nave; y los suecos, tras el esfuerzo baldío, se sumieron en un hermético mutismo.
Podía ser cierto lo que dijeron, reveló después la agencia Tass de exploración. Y ahora, tras diez años de intriga, aparte de resultar más rentable, un hombre solo podía ser más eficaz que cuatro. Sin diferencias, sobre todo, se evitaban controversias que podían generar la tergiversación de los hechos y el fracaso de la expedición. Además, con el desarrollo de la energía solar como principio motriz, la tecnología actual, basaba sus fundamentos en aspectos más desarrollados.

Fascinado, pudo verlo. El caudal discurría de forma ordenada a apenas cien metros bajo sus pies, era un río de aguas azul esmeralda. Sí, así resultaba, un río de proporciones nada desdeñables; como el Tamesis, el Sena o el mismo Yang-Tse, en el corazón de la china profunda. Un caudal que podía parecer inclus
o común, excepto si teníamos en cuenta, que estaba situado en un cañón de veinte kilómetros de depresión por dos mil de longitud, en un planeta tan poco común como Marte.
Por primera vez, intuyó con claridad el alcance de su objetivo. Se trataba de una meta con la que jamás habría soñado Popov. ¡Iba a ser el primer nadador alienígena en Marte! Si es que Marte contaba con vida capaz de sobrevivir a su clima.

Allá voy, se dijo.
Cuarenta, treinta y cinco metros, descendiendo.
¿Estaría fría?
Treinta, veinticinco…
¿O puede que esté en ebullición?
Veinte, quince, diez….

Y qué más da. Llevo puesto el equipo heliogénico.
Cinco, cuatro, tres, dos, uno…¡cero!
Se zambulló .

Volvió a emerger a la superficie. Estaba... en un punto ideal. No parecía fría o caliente, sino templada. Asimismo no resultaba densa ni en exceso fluida y tampoco salada. Y…se podría beber. ¿Podría beberse en realidad? Se preguntó mientras accionaba el convertidor “Tomarem – Nemod2” el cual le indicó su potabilidad instalada en un margen óptimo del 97%, y comenzó a saciar su sed, igual que solía hacer en el río Vologda que atravesaba su pueblo natal.
Nadó de espaldas, braceó unos instantes y terminó en un croll frenético, hasta alcanzar la orilla de una ribera color cárdeno. Salio a trotecitos y se tumbó boca arriba, resollando sobre la arena, hasta cubrirse de granos azulados. Permaneció inmóvil mirando el cielo rojo con ojos entrecerrados y a las estrellas naranjas, y pensó en Anastasia y una vez más en cuales habían sido las razones que lo indujeron a dejarla a cambio de beneficiarse con aquello. Y, ahora, con el convencimiento de haber cumplido sus anhelos, esas razones, ya no le parecieron tan relevantes como a menudo las juzgó.

Un destello fugaz le obligó a volverse de lado. Algo brillaba o había producido un fulgor a su izquierda, al lado de un formidable peñón cercano. Se incorporó, desenfundó el fusil apalachiev y por su vertiente más lisa, empezó a escalar el peñón. No era posible, se repitió asimismo una y otra vez y tuvo razón. No había vida.
Superada la anfractuosidad de la piedra, a sus pies, se topó con la expedición “Larsson” al completo, y supo que no habían muerto al aterrizar, sino horas o tal vez minutos después, y que por tanto, no había sido el primer hombre, ni siquiera el primer nadador sobre Marte. Y por alguna razón desconocida, tal vez la engañosa y bella inocuidad del paisaje, o la tentación de bañarse sin ropa, se habían desprendido de sus equipos de protección térmica, quedando expuestos al efecto de ionización “Linn.” Un rayo que barría la superficie marciana cada cierto tiempo, invisible al ojo y sensibilidad humana, y que por aquel entonces, la ciencia aún desconocía. En apenas una fracción de segundo, c
ualquier cuerpo humano o animal desprotegido, resultaba carbonizado.
Cuatro esqueletos desollados parecían saludarlo sin cesar de batir sus mandíbulas sonrientes. Pero aquello tan sólo era un mero efecto óptico. Todos yacían junto al cilindro espacial. E incluso uno aún sujetaba entre sus manos, el móvil Eriksson T 7000 CK, el mismo que produjo el destello que había visto desde la orilla.
Tras comprender que había dejado de ser el primer humano en hollar la superficie erosionada del planeta, y el primero en nadar en sus aguas, una mezcla extraña de resignación y dolorosa pereza, se adueñó de Petroff. ¿Qué hacer...? Deseaba existir, ¡perdurar! No ser uno más en una lista. La idea le sobrevino por sí sola; sería el primero... en atravesar a nado la corriente que discurría por el cañón... “¿Larsson?,” las aguas del río "¿Petroff?" Sí, para empezar no eran malos nombres.

Se hallaba en la orilla dispuesto a arrojarse, cuando se le ocurrió. El equipo era una carga innecesaria. En breves segundos realizó los cálculos y supo que dispondría de margen suficiente para alcanzar la orilla opuesta, no así para volver. Le pareció suficiente.
Una vez se desprendió del equipo reconoció que para hallarse en un lugar tan aislado hacía un día único; espléndido y relajante, con un micro clima envidiable, y un oxigeno limpio de cualquier impureza.
Ni siquiera dudó. Con tranquilidad se introdujo en el agua, y comenzó a bracear con la elegancia de un delfín solitario…


José Fernández del Vallado. Josef 2005. Arreglos Noviembre 2007.

14 libros abiertos:

Vivianne dijo...

Fantástico, aguas azul esmeralda, resultar ser el primer nadador en Marte, descubrir que no lo era, desprenderse de todo y nadar en aguas no contaminadas, es un sueño de ciencia ficción, real o no vale la pena intentarlo, tu lado artístico te rinde honores en este relato excelentemente elaborado, mis sueños a tu lado...

alida dijo...

Un relato fantástico, encontrarse en un sitio de nuestro sistema planetario sin contaminación alguna, aguas cristalinas temperaturas ideal ufsss que maravilla seria
Un gran saludo

Evan dijo...

Parece increible en estos tiempos, poder navegar en aguas no contaminadas...

Precioso este relato fantástico, Josef.

Tus cuentos me encantan, seguí así!

Saluditos, buen finde!

JJ - dijo...

Un verdadero placer leerte.
Que sigan las historias y la imaginación por todo lo alto.
Un abrazo!

Saludos Josef!

Bueno, ¿Qué decirte? Pues a decir verdad me gustó tu historia, tiene de todo un poco.

Relatas con cierto sarcasmo lo del agua (para hacernos ver lo q hacemos en la tierra) y me encanta tambien el querer revivir lo de la siempre disputa entre rusos y americanos...

Me gustó.

Un Abrazo.

P.D. Es un placer!

kukilin dijo...

Fantástico relato. ¡Cuanta imaginación allí vertida!
Sería maravilloso habitar un mundo así, después de saber, que el nuestro va camino a la destrucción por la contaminación y la impericia del ser humano.
Saludos Josef

Freyja dijo...

Josef
tienes una imaginacion maravillosa
me encanto, le diste vida a Marte y lograste que su sueño se cumpliera y disfrutara de un mundo nuevo para el, lo que otros no puedieron
me encanto, quizas todos de alguna forma vamos buscamos ese mundo nuevo
claro que no quiero irme tan lejos a Marte
hermoso amigo, escribes divino y te felicito una vez mas
gracias por tus bellos saludos y compañia en Fragmentos
te dejo muchos cariños y que estes bien
sigue llenando el mundo de letras y cuentos
mil besitos y un buen domingo


besos y sueños de Verena

Nostalgia dijo...

y yo...
quiero bracear con él...
bueno.
me gustó.
♥♥

un beshote

Anyglo dijo...

Una historia para leer despacio. Con miles de imágenes magníficamente detalladas.
Muy bueno, Josef!!!

Ángel Azul dijo...

Fabuloso. Me has recordado a un gran escritor que ha hecho mis delicias desde mi niñez hablando del planeta rojo.
Tu historia es excelente.

yo firmaba ahora mismo para irme para alla una temporadita jejejejejej, me a encantado¡¡
besitos cielo y que pases un dia muy feliz, muack

Nico dijo...

Impresionante, PERO QUE HISTORIA BELLA Y ENTRETENIDA. Te aplaudo con la mano quebrada e inyesada!! Bravo Bravo!!!

Exelente y gracias por tus palabras, tengo ganas de viajar a Marte :D !!

Un abrazo Josef, que estes bien.

Nicolas.

More Baker dijo...

Ni qué decir, amigo. Ya te lo han dicho todo. Espero que estos textos alguna vez puedan estar en un libro que recorra el mundo entero... Cómo le haces condenado (cómo diría una amiga mexicana) para escribir tan pero tan bien?
Dime, cómo le haces?
Afectos!!

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